Lugares de interés

Ajamil posee un paisaje de gran interés que nos permitimos recomendar. Sale por el sur hacia el fondo del valle una pista forestal dejando a la izquierda el río Vargas (mal llamado Rabanera), una zona de acampada protegida, y la ermita de San Martín.

El valle se estrecha anunciando que el paisaje va a cambiar ante la proximidad de un gran bosque. Nos encontramos con una losa que se extiende haciendo de visera y que se conoce como Cubrecaminos.

A pocos metros de este lugar pintoresco, llegamos a un paraje conocido como Troncongordo, cuyo nombre viene del grosor de las hayas que nos hacen sombra y que sirve para presagiar lo que será característico a partir de este momento, y que constituye, en opinión unánime de todos los ajamileños, el principal tesoro que esconden Ajamil y los Cameros Viejo; MONTE REAL.

Exuberante y salvaje bosque de hayas con una frondosidad, altura y grosor impresionantes. Resulte difícil que este paisaje deje impasible al visitante.

El paseo por Monte Real es una cura de tranquilidad, un contacto permanente con la naturaleza. La caricia del aire en la cara y el cascabeleo de las hojas son sensaciones maravillosas que nos permitimos recomendar. Las sombras producidas por los árboles con su constante movilidad efecto del viento, parecen danzar a un tiempo con los rayos de luz que atraviesan como pidiendo permiso a la majestuosidad de hayas centenarias.

Todo esto unido a la leyenda de que el llamado Hayedo de Santiago, del que forma parte integrante Monte Real, debe su nombre a que pudo ser una de las variantes del Camino de Santiago, añade todavía más misterio y encanto a su visita.

En el Ayuntamiento, tenemos una hermosa imagen regalo de don José Moreno y  Martínez, sobrino de don Domingo Martínez hijo ilustre de Ajamil, Contador Principal de Ejercito y Oficial de la Tesorería Mayor de su Majestad quien regaló a la escuela fundada por su tío, una imagen de nuestra Señora de  la  Concepción en mármol de Carrara, obra del genovés Andrea Casareggio  de finales del XVIII y ejecutada en Roma según correspondencia del donante, y según José Gabriel Moya Valgañón comprada en Madrid cuando ya llevase ya años en España el autor.

Como curiosidad José Gabriel Moya Valgañón nos cita dicha carta dirigida a los Patronos de la Escuela en la que termina dicha misiva “De la Imagen, y adorno hago perpetua donación a la referida Escuela; pero con expresa condición de que baxo ningún título, ni pretexto haya de sacarse de ella en ningún tiempo…” 

En la Plaza de la Iglesia a mano izquierda, nos encontramos Fuente antigua con arco de medio cañón cobijada bajo arco de medio punto que parece medieval, según Inventario artístico de Logroño y su provincia de 1975 del que era director José Gabriel Moya Valgañón, a día de hoy, como entonces, todavía seca.

Fuente Antigua

Según se sube la cuesta al pueblo por la carretera la primera casa a la derecha, escudo de hidalgo en cartela manierista del XVII, con león rampante a la derecha de un pino enraizado.

Acueducto

Según el inventario artístico de Logroño y su provincia, el Acueducto sobre el río Vargas de dos arcos de medio punto con escudo de hidalgo en el machón central, perdido por la intemperie, es de la segunda mitad del XVI.

Iglesia parroquial de la Asunción.

Construida en mampostería, es de tres naves, de dos tramos las laterales y tres la central, con cabecera rectangular, compartimentada por arcos de medio punto sobre pilastras toscanas y cubiertas por bóvedas de lunetos, excepto la cabecera con crucería de terceletes. Esta es, el resto que queda de la iglesia edificada antes de 1547 por Lope de Marquína, difunto para esa fecha. A los pies de la nave del evangelio se sitúa la torre cuadrada de dos cuerpos, construida por Pedro de Aguilera a partir de 1623, cuya parte baja ocupa el baptisterio, (lugar destinado a la administración del Bautismo), en la actualidad recuperada para este día del Camero Viejo. Adosada al sur de la cabecera está la sacristía, con dos tramos cubiertos con lunetos y otra sala irregular adjunta anteriormente con cielo raso y hoy cubierta. La portada está al sur, orientada hacia Soria al igual que las ermitas de San Miguel y San Martín, en el último tramo, y es de medio punto el pórtico. En las obras de transformación de la iglesia del XVI en iglesia barroca quizá interviniese Pedro de Aguilera. Hacia 1684 sabemos que habían sido terminadas las obras por un tal maestro Ignacio.

El coro está a los pies en alto sobre bóveda de lunetos.

Lado del evangelio (lado izquierdo mirando hacia el altar): En el baptisterio barreño de loza talaverana del XVII, pegando al baptisterio, como tercera capilla, templete con columnas salomónicas del XVII-XVIII, al lado imagen de San Miguel de segunda mitad del XVII que se encontraba en la ermita del mismo nombre. En la segunda capilla del evangelio retablito de un cuerpo del XVIII con imagen titular moderna de la Inmaculada. En la primera retablito rococó de un cuerpo y ático, dorado, de la segunda mitad del XVII, con imagen titular de la Dolorosa, de papelón, de la primera mitad del XVIII.

Especial orgullo nos produce a los ajamileños los elementos que en nuestra iglesia se encuentran situados en el Presbiterio (zona del altar): Imagen de tradición barroca representando a San Cristóbal, (patrono de la localidad y en cuyo honor se celebran las fiestas el 10 de julio), situado a la izquierda del retablo, según Ricardo Canalis es obra de Juan Adán, (escultor que llegó a ser de cámara del rey Fernando VII), de 1,90 m. de altura, realizado en pasta de papel, el tradicional papelón policromado.

Es de destacar la entrañable confianza que se intuye entre San Cristóbal y el Niño Jesús que refuerzan esta impresión barroca.

Por comparación con las obras de San Ginés de Madrid y otras de las catedrales de Jaén y Granada, José Gabriel Moya Valgañón las sitúa entre 1784 y 1795.

Sitial formado por tres asientos del XVII.

El retablo mayor es renacentista, es obra de Simeón de Cambray, imaginiero de la zona norte de Francia y en aquella época importante Archidiócesis, este territorio del Obispado de Cambray, correspondía casi con el territorio histórico de Flandes, y es uno de tantos artistas de esa zona que se establecieron en La Rioja. El retablo está estructurado en cinco calles, distribuidas en tres pisos, banco y ático, de arquitectura manierista con decoración de grutescos y elementos muy característicos del XVI.

Según José Gabriel Moya Valgañón, parece haber comenzado a trabajar en 1559 y terminado la obra siete años después en 1566. En cuanto al precio, a juzgar por las diversas partidas de las cuentas, debió de ser de unos 8.406 reales hasta 1580, aunque en 1582 aparece devolviendo cierta cuantía de maravedís por diversos problemas de tasación que surgieron.

Las esculturas principales giran entorno a historias de la Vida de Cristo y de la Virgen, de forma un tanto confusa la distribución, fundamentalmente la parte del banco en la que el desarrollo temporal curiosamente aparece invertido; de izquierda a derecha “Piedad”, “Caída camino del Calvario”, “Última Cena” y “Lavatorio”.

Los personajes del retablo son rechonchos y apariencia un tanto naif, en contraste con la violencia de algunas escenas que describe, se concentran incómodamente rellenando todo el espacio en un afán por parte del autor por no dejar ningún espacio vacío.

En el primer piso, ya en orden temporal lógico de izquierda a derecha, pero descolocado dentro del retablo, nos encontramos con las siguientes escenas del final de la Vida de Jesús; “Oración en el Huerto”, “Prendimiento”, “Coronación de espinas” y “Ecce Homo”, entiende el que escribe que pretendiendo dar especial importancia a estos momentos.

Segundo piso y mismo orden que el anterior; “Anunciación”, “Visitación”, “Natividad” y “Epifanía”.

Tercer piso continuando el orden; “Presentación”, “Huída a Egipto”, “Degollación de Inocentes” y “Cristo entre los Doctores”.

Por último en el ático; “Santo Entierro” y “Noli me Tangere”

La calle central viene ocupada de abajo arriba por los siguientes temas; “Árbol de Jessé”, “Asunción”, “Calvario” y “Padre Eterno”.

En la derecha Cruz procesional rococó en bronce dorado de la segunda mitad del siglo XVIII.

Lado Epístola, (a la derecha mirando hacia el altar): En la primera capilla retablillo barroco de fines del XVII, de un cuerpo, ático  y tres calles con columnas salomónicas y estípites e imágenes de la Virgen con el Niño, Crucifijo, San Antón y San Pedro, coetáneas.

Ermita de San Martín

Es una capilla cuadrada de mampostería orientada hacia el sur, hacia Soria, que iría cubierta por cúpula sobre pechinas, con ingreso de medio punto a los pies precedido de pórtico, barroca del XVII. En el interior retablo de un cuerpo clasicista con corintias entorchadas con lienzo de la Aparición de la Virgen del Pilar sobre el pilar que le da nombre (1,58 x 1,12) de la segunda mitad del XVII e imagen de San Martín de finales del XVII, según José Gabriel Moya Valgañón, aunque esta última, José Manuel Ramírez Martínez la documenta en 1709 como obra de Pedro Domínguez artista del clan lagunchino. Reconstruida por iniciativa del pueblo de Ajamil, sirvió de base para recuperar la tradición del Rosario de las Vacas en el año 2001.

Antigua Ermita de San Miguel (hoy vivienda particular).

Similar a la anterior, cuadrado en mampostería cubierto con cúpula sobre pechinas, con ingreso doble adintelado a los pies precedido de pórtico en la actualidad desaparecido, barroco del siglo XVII su estado de ruina hizo que el Obispado la vendiera, en la actualidad es una vivienda particular.

En el interior había un retablito de un cuerpo con columnas salomónicas de finales del XVII con imagen del titular, San Miguel, de la segunda mitad del XVII, en la actualidad en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en el lado del evangelio.

De la Ermita de San Simeón de Monte Real, a unos cuatro kilómetros del río Vargas arriba, apenas quedan restos que puedan dar idea de su época, conservándose en el archivo parroquial abundante documentación sobre ella a partir del XVI.

Era el núcleo más antiguo con presencia de la orden benedictina, según Ernesto Reinares debió desaparecer en época muy temprana, quizá no más tarde del XVI, para convertirse en una especie de patronato mixto.

Sabemos por José Manuel Ramírez Martínez que el artista barroco Sebastián de Ribero Arredondo en 1709 dora las imágenes de San Simeón y San Marcos para el eremitorio de San Simeón de Monte Real.

Recopilación de datos realizada por Chomin Hernán y Alicia Martínez.

 

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